Si una de las diferencias de la isla de Menorca es su reducida extensión, otro rasgo importante, que puede parecer contradictorio con respecto al anterior, es su gran diversidad paisajística y ambiental. De hecho, en los 700 km2 de territorio insular tienen cabida una gran riqueza de ambientes que normalmente uno no pensaría encontrar en un área tan escasa. En la base de esta variedad no encontramos, una diversidad geológica que le da soporte. La isla desde el punto de vista geológico puede considerarse dividida en dos partes bien diferenciadas, la región de Sa Tramuntana y la región de Es Migjorn Gran, separadas por una línea imaginaria que saliendo del fondo del puerto de Maó sigue la carretera principal que une Mahón con Ciutadella, hasta llegar al Pla Verd a partir de donde se separa de la carretera para dirigirse al litoral norte a dónde llega a Cala Moreil. La región que queda al norte de esta línea ficticia, Sa Tramuntana, es un mosaico de terrenos antiguos en el cual, en una forma rápida pueden diferenciarse tres unidades. La primera constituida por los terrenos del norte de Mahón, Mercadal y Ferreries respectivamente, se caracteriza por ei predominio de materiales del paleozoico (prácticamente los únicos que afloran en las Baleares) formados principalmente por rocas de aspecto pizarroso y areniscas cuarzosas. El paisaje, en el que predominan los colores oscuros, presenta suaves ondulaciones por la presencia de pequeñas colinas. La costa de esta región es rocosa, muy irregular y accidentada, sin embargo no es muy alta.

 

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La segunda unidad está formada por terrenos en los que predominan los materiales del triásico inferior, formados básicamente por areniscas cuarzosas de colores rojizos o amarillos y por sedimentos de fangos y arcillas en las depresiones. El relieve es abrupto, y en él alternan pequeñas sierras rocosas densamente cubiertas de vegetación con amplios valles cultivados. El litoral está formado por potentes acantilados.

 

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La tercera unidad paisajística está formada por territorios que predominan las dolomías del jurásico (norte de Alaior y parte de la región entre Ciutadelia y Ferreries), que dan lugar a plataformas tabulares ocupadas en gran parte por masas forestales. Los colores de las rocas de esta zona acostumbran a ser claros y La costa, como en el caso anterior, es rocosa y con acantilados de dimensiones notables. En la zona norte también encontramos, aunque de forma muy localizada, depósitos recientes del cuaternario.
   En el lado sur de la línea que separa las dos zonas geológicas de Menorca se encuentra la región llamada Es Mitjorn Gran, vasta región homogénea constituida por rocas calcareníticas miocénicas conocidas con el nombre de marés utilizado antiguamente para la construcción tanto de casas de pueblo de campo o de ciudad. Estos materiales no han sufrido prácticamente ningún tipo de tectónica y en consecuencia su relieve es poco accidentado. De hecho, toda la zona sur de Menorca es una plataforma con un grado de horizontalidad considerable.
    Las rocas que corresponden al terciario presentan, en todo su conjunto, una gran importancia desde el punto de vista económico, puesto que constituyen el acuifero más importante de Menorca. En tiempos pasados esta zona suministraba la piedra utilizada en la construcción. Aún hoy se pueden encontrar numerosas canteras abandonadas en las proximidades de ios pueblos principales, que constituyen una red de volúmenes vacíos excavados en la roca, o en ocasiones incluso subterráneos, de gran interés y belleza visual.
    Uno de los aspectos paisajísticos y geomorfológicos más importantes de esta zona son los numerosos barrancos que cruzan la plataforma miocénica en dirección a la línea de la costa, siguiendo un trazado sinuoso. Los barrancos generan una importante diversidad ambiental en esta región, tanto por lo que se refiere a la creación de relieve como por servir de marco a diversas comunidades vegetales y animales específicas de este tipo de ambientes. Pueden contarse alrededor de 40 barrancos, aunque tan sólo una docena llega a un desarrollo horizontal superior a los tres kilómetros. El origen de todas estas formaciones debe buscarse en la confluencia de tres procesos: la acción excavadora de las aguas corrientes, los movimientos tectónicos y las variaciones del nivel del mar Mediterráneo.

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